Inicio > Pensamientos y reflexiones > La historia de Inma: otro ejemplo de superación #YWC

La historia de Inma: otro ejemplo de superación #YWC

Hola. Me llamo Inma, tengo 44 años, estoy casada y tengo dos hijas pequeñas. Fue el año pasado cuando me dio por esto del triatlón, debuté con un olímpico el año pasado, en el 2013. Estaba entrenando para mi calendario de triatlones que este año, que ya tenía varios pensados y estaba dispuesta a bajar tiempo. La temporada de triatlón empieza en primavera y creo recordar que yo tenía previstos varios sprints y me parece que un par de olímpicos, además de la media maratón y, al fin, el maratón.

Me apunté en febrero al triatlón de Valencia, Toro Loco, pero un día de finales de marzo, en plenas fallas, un dolor de barriga que no se terminaba de marchar (si haces deporte es raro tener gases) me llevó a urgencias del hospital. Entré con un diagnóstico de gastroenteritis aguda ¿?, pero me quedé ingresada. Empezaron los vómitos y no me entraba la comida. Pruebas y más pruebas. No aparecía nada. Lo que aparecía era una obstrucción intestinal .Entré un martes y el siguiente sábado me operaban de urgencias. Así vino. Un tumor maligno en el intestino grueso, un cáncer de colon había obstruido el conducto.

Así se lo dijo el cirujano a mi familia. Al día siguiente, me enteré yo. No lloré, no me asusté, no tuve tiempo material para reaccionar. Después de la operación, a los pocos días, me enviaron a casa. No me terminaba de encontrar bien. A los pocos días volví al hospital para que me retiraran las grapas, le dije al cirujano de un dolor que tenía en la parte izquierda. Me envió de nuevo a urgencias para que me miraran y me hicieron unas cuantas pruebas. La sutura de los intestinos tenía un poro y me había producido una peritonitis. Otra vez al quirófano. Dos intervenciones en poco más de diez días. Pero esta vez me sacaron un estoma. Tendría que llevar bolsa temporalmente.

Perdí muchísimo peso, me quedé tan delgada que ni mis ojos tenían brillo, tengo unos grandes ojos marrones y ahora parecían diminutos y lejanos. Cuando salí, me cansé más de salir del hospital que de correr la media maratón. Hasta ahí se había quedado de débil mi cuerpo. No podía andar ni cien metros sin fatigarme. Así lo hice. Poco a poco, sin forzar. Tenía que ponerme lo suficientemente fuerte como para aguantar una quimioterapia. Luego, una vuelta al campo de rugby, luego un poco más. Luego, empecé a aguantar paseos más largos. Salí del hospital antes de Semana Santa y a finales de abril, empecé otra vez a nadar, muy poco. Recuerdo en el hospital soñar con piscinas y con nadar. Los primeros días nadé como  seiscientos o setecientos metros, sin agotarme, tranquilamente.

El mes de mayo tuve que interrumpir la natación porque me pusieron el portacat, pero a cambio, empecé a correr. Muy poco, como si tuviera una lesión grave. A todo esto, mayo empezaba también mi quimioterapia. Doce ciclos. Me pareció imposible hacer el triatlón que tenía previsto para septiembre, sin embargo, no me borré. No podía. Pero mi capacidad física había mermado mucho y lo que más lo notaba, era para mí lo que ya llevaba mal de por sí. La carrera. Pero no dejé de entrenar, sin buscar la fatiga, a la marcha. La quimio me dejaba fuera de juego como tres días, tenía que llevar un gotero enganchado al portacat durante  cuarenta y seis horas. Eso se traduce en una especie de apatía asquerosa, ganas de vomitar, arcadas y ganas de estar muy tranquila.

Le empecé a preguntar al oncólogo si podría hacer el triatlón, pero creo que aún ni siquiera sabe lo que es .Primero me decía que debíamos esperar a ver los resultados de los análisis que me hago cada 15 días. NO salían mal, así que sobre julio me dijo que sí, que podría hacerlo. Yo tenía ilusión, pero no todas conmigo. Me apetecía mucho hacerlo y acabarlo. Pero cada 14 días tenía una interrupción importante para los entrenes, era como volver a empezar cada vez. Se iban sucediendo las quimioterapias con  los entrenes. Fuera de juego, vuelta a empezar. Así pasó julio, agosto y al fin llego septiembre.

Habíamos cambiado el oncólogo y yo la fecha de la quimioterapia porque coincidía con la semana del triatlón y yo necesitaba mi cuerpo lo mas “limpio” posible. Además me tenía que inventar algo para sujetar bien el disco de silicona de mi estómago (el salitre) y el sudor lo despegarían de mi piel sí o sí, provocando un empastre importante de difícil previsión. Al final solo se me ocurrió sellarlo con un esparadrapo resistente al agua, de lo de tela y esperar que aguantara las tres horas (o más) ininterrumpidas de aeróbico. Llegó esa semana y mi inseguridad. No hacía más que pensar que estaba loca, que yo llevaba un tratamiento muy fuerte y que eso lo hacía gente que estaba muy fuerte y muy sana. Pero lo tenía que hacer, lo tenía claro. Si no lo podía acabar y tenía que tirar la toalla, lo haría. Si me notaba que no podía mas o muy fatigada, lo dejaría .No era cuestión de jugársela mas.

Llegó el día. El día de antes, el sábado, era recogida de dorsal y dejar la bicicleta en mi box. Ver por dónde se salía del agua y por donde la bici y, finalmente, la  carrera. Definitivamente yo estaba loca. Al día siguiente mi marido y yo nos levantamos temprano, desayuné bien, pero no demasiado. Me llevó al puerto de Valencia y comenzó la prueba. El tiempo de espera hasta que el silbato sonó para tirarnos a las aguas del puerto se hizo eterno. La mayoría estábamos muy nerviosas, por no decir todas. En fin, ya estaba todo. Silbato y al agua. Mil quinientos metros de natación, cuarenta en bici y un remate de diez kilómetros de carrera a pie, en la cual tuve que pararme varias veces a andar .Pero era lo que había, la carrera la llevaba muy mal entrenada y no quería ponerme al límite. No era el momento.

Así llegué a la meta. Entré con mis dos hijas. Acabé mi triatlón, mi triunfo, mi normalidad en la vida, mi lucha. Pero no me quedé satisfecha y enseguida me puse a pensar en la próxima temporada. El cáncer me ha frenado, pero no me ha parado. Mientras escribo estas líneas, aún me quedan dos ciclos de quimioterapia, cuando acabe, me volverán a meter el estoma en su sitio y espero retomar una cierta normalidad en mi vida.

El triatlón, el deporte, los entrenes y tener un objetivo, me ha ayudado mucho a mantener la cordura frente a los malos momentos. Si eres deportista y tienes un cáncer, sigue haciendo deporte. No será lo mismo, pero ahora tu marca ahora es contra tu ese “otro yo”. Si no eres deportista, tal vez sea el momento de empezar a dejar el sedentarismo y empezar a caminar, nadar, paseos en bici. Lo más importante es no quedarse en el sofá o hacerlo lo menos posible. Es lo que creo, de hecho, estoy convencida.

Check Also

Qué es YES WITH CANCER

ULTIMA ENTREVISTA A GABRIEL ROJO EN EL BLOG DE WASHER WORLD

Aqui os dejamos la ultima entrevista a Gabriel Rojo sobre Yes With Cancer esperamos que …

12 Comentarios

  1. Pingback: bmw vin decoder

  2. Pingback: twittervideodownloader

  3. Pingback: s128

  4. Pingback: double dong

  5. Pingback: sex toys list

  6. Pingback: female strap on

  7. Pingback: glass butt plugs

  8. Pingback: dildo

  9. Pingback: silicone vibrator

  10. Pingback: penis pump review

  11. Pingback: adam and eve inflatable position pillow

  12. Pingback: Google

Deja un comentario